Cuando era pequeña
Me puse a revisar mis notas y encontré esto
Cuando era pequeña, no es que fuera la chica más habladora del mundo, pero sentía que tenía un millón de amigos. Hablaba con todo el mundo, compartía con todos. Aunque me diera vergüenza, siempre lo intentaba.
Hoy ya ni me importa.
Cuando era pequeña, me daba miedo que los demás hablaran de mí o caerle mal a alguien sin motivo aparente.
Hoy en día ya no me importa.
Cuando era pequeña, me daba miedo quedarme sola. Aún me sigue dando miedo, pero poco a poco me he ido acostumbrando… y la soledad me gusta.
De hecho, cuando era pequeña hablaba mucho con una amiga imaginaria. Tenía un nombre, aunque ya no lo recuerdo. Ahora simplemente la llamo “soledad”, porque solo aparece cuando estoy sola.
Me gusta estar sola.
Cuando era pequeña me daba miedo la oscuridad, los fantasmas y esas cosas. Me daba miedo no tener amigos, ser excluida.
Ahora no tanto.
Sí me da miedo no tener con quién hablar, no tener a nadie con quien compartir más allá de mi familia.
Antes pensaba que mientras más amigos tuviera, mejor.
Ahora entendí que mientras más pequeño es tu círculo, más tú puedes ser.
Cuando era pequeña, no me importaba si los demás se reían mientras jugábamos. Mientras fui creciendo, me di cuenta de que muchas veces se burlaban de mí.
Me sigue dando miedo eso, pero ya no lloro.
Cuando era pequeña, me gustaba imaginar y contar historias.
Ahora que soy grande, las escribo.
Cuando era pequeña, no me gustaba ir a la escuela.
Ahora es la única forma en la que puedo ver a mis amigos.
Cuando era pequeña, era muy enérgica. Jugaba mucho.
Ahora no tengo ganas de nada y duermo casi todo el tiempo.
Cuando era pequeña, no me importaba lo que comía.
Ahora cada bocado se siente como culpa.
Cuando era pequeña, me encantaba estar con mi familia porque no entendía.
Ahora ya entiendo, y por eso me duele.
Me di cuenta de cómo me tratan, de que a veces ellos mismos me excluyen.
Cuando era pequeña, no era tan enojona.
Ahora ese es el motivo de muchas discusiones.
Cuando era pequeña, era muy cariñosa.
Ahora aprendí a decir que no cuando no quiero. Que no es obligatorio abrazar a las personas. Que no tengo que decir “te quiero” a quien no me hace feliz. Que no tengo por qué decirle “tío” a un hombre que no conozco, ni abrazar a alguien solo porque mis padres quieren.
Pero bueno…
En fin.
Cuando era pequeña, era más feliz.


